En el siglo XIX, las zapatillas con clavos fueron creadas gracias al ingenio de un inglés llamado William Foster. Para satisfacer sus propias necesidades, fabricó estas zapatillas con el objetivo de hacer más exigentes sus entrenamientos. Posteriormente, se las ofreció a sus amigos corredores antes de comercializarlas oficialmente.
La ventaja de estas zapatillas con clavos es que permiten a las mujeres aficionadas al running y a otras actividades deportivas correr más rápido. Esta velocidad es posible gracias al agarre de los clavos sobre el terreno.
Las zapatillas de atletismo con clavos, como acabamos de señalar, proporcionan un mejor agarre sobre el terreno, lo que permite alcanzar una mayor velocidad. Sin embargo, no se recomienda empezar a utilizarlas de forma brusca y repentina. Al contrario, deben incorporarse progresivamente a tus sesiones de entrenamiento para prevenir cualquier tipo de lesión. Si eres una corredora que participa habitualmente en sesiones de running, al principio se recomienda limitar el uso de las zapatillas con clavos a dos veces por semana. Si posteriormente observas una mejora significativa, solo tendrás que elegir los clavos que mejor se adapten a tus necesidades. Existen diferentes tipos de clavos:
Recuerda que debes evitar por completo las pistas de asfalto o cemento, ya que, de lo contrario, los clavos se desgastarán muy rápidamente.
Elegir correctamente la talla de tus zapatillas con clavos es fundamental si quieres evitar dolores y otros problemas relacionados con los pies. De hecho, unas zapatillas con clavos para mujer demasiado pequeñas apretarán los pies de forma incómoda e impedirán alcanzar el rendimiento esperado. Por el contrario, unas zapatillas demasiado grandes pueden provocar ampollas. Por eso, las corredoras deben prestar especial atención a la hora de elegir su talla. Para hacerlo, sigue estos pasos: